En el despiadado futuro del cuadragésimo primer milenio solo hay guerra.
La humanidad lleva inmersa milenios en una cruzada xenofobica orientada a exterminar a los alienigenas y mutantes que se les oponen por la voluntad del Dios Emperador de la Humanidad. Es un futuro distopico donde las promesas de avances tecnológicos y mejor vida se han convertido en una guerra eterna donde humanos super modificados tecnológicamente luchan contra demonios y Aliens.
Y en medio de estos se encuentra La Inquisición: La mano izquierda del Emperador. Encargados de buscar al hereje, al brujo y al traidor, al mutante y al alienigena que conspiran contra el Imperium desde dentro.
Todo esto no es idea mia, es Warhammer 40.000, uno de los primeros contactos frikis que tuve en mi vida (Siendo un nano de 10 añetes) una franquicia inglesa que empezó como un wargame fantástico y que ahora abarca novelas, videojuegos, juegos de rol y muy recientemente su primera película.
Esto que hay a continuación es la historia del personaje que interpreto en una partida de rol que juego la mayoría de domingos con mis amigos. Nate es una invención mía, inspirada en varios personajes ficticios. Un ex convicto de las Legiones Penales de la Guardia Imperial cuya pena capital ha sido perdonada a cambio de servir al Inquisidor Blackveil. Es un bellaco, violento y borracho con una lista de delitos a sus espaldas que haría temblar a Grissom... pero muy bueno sobreviviendo y llevándose por delante a quien le toca los cojones.
Disfrutadla xD
- Estamos jodidos- Fue lo que pensó Nate cuando vio que se le había acabado el promethium de su zippo.
No por estar rodeado de enemigos, no por tener una herida en el hombro izquierdo que no se le cerraba, a pesar del torniquete que se había hecho, y que le tenia el brazo totalmente insensibilizado, no por estar rodeado de enemigos y apenas quedarle una batería de su pistola láser.
Se había quedado sin fuego.
Pero Nate se lo tomaba con filosofía, había estado jodido desde que recordaba. Uno de sus primeros recuerdos era estar en el suelo con la boca rota mientras tres grandullones del orfanato lo pateaban. Se río al recordar como les había hecho escupir los dientes unas semanas mas tarde y eso le envió punzadas de dolor por todo el cuerpo.
Pero el dolor era bueno, le hacia seguir vivo, le hacia fijar la mirada, que ya empezaba a fallarle por falta de sangre.
Los oyó gruñir al otro lado de la curva donde se había recostado y se obligo a levantarse y seguir corriendo.
- ¡¡Obscurus-Secundus, Obscurus-Secundus!! ¡¡Aquí Obscurus-Primaris!! ¡¡Cojones respondeme Nate!!- Le pito el intercomunicador al oído. Seda y su lengua de víbora, eso le ponía cachondo.
Joder, todo parecía tan fácil hacia un par de ciclos. Todo parecía fácil al principio siempre...
- Su Excelencia, Lord Marindal Squarington Tharnass XVIII. Gobernador Planetario de Barsapine por la gloria del Todopo...- Nate dejo de prestar atención en ese punto y se encendió una vara de Lho con lo que se gano una mirada furibunda de Lucreria.
Habian llegado a Barsapine cuatro horas antes y pese a lo urgente de la situación habían tenido que soportar toda una tanda de ceremonias burocráticas y cuestiones de protocolo. Después de eso había venido al menos otra hora mas con todo el cortejo perteneciente a la presentación del Gobernador Planetario.
Ahora por fin Lord Marindal se había dignado a ofrecerles una reunión en privado, entendiendo por privado que junto al Gobernador estaba su mayordomo, su confesor, diez nobles pertenecientes a sus lameculos oficiales, su guardia personal y el Gran Eclesiarca. Obviamente la llegada de un séquito inquisitorial enseguida se había convertido en la comidilla de los altos círculos del planeta. Solo habían podido acceder a la reunión después de citar Lady Luck al chambelán el decreto imperial 38.452.Z con respecto a la autoridad inquisitorial.
-… por su llegada. Sin embargo he de reconocer que mis súbditos se sienten un poco atemorizados por la presencia de Inquisitorum en nuestro apacible planeta.- Decía en ese momento Lord Marindal mientras se servia para si mismo una copa de amasec.
- Veréis Excelencia, seréis conscientes de la llegada de la nave “Heraldo” a la órbita de vuestros dominios”- Lucreria espero hasta que el Gobernador reconoció, de mala manera, que sabia de esos datos. Lo cual dejaba bastante claro que le importunaba muchísimo que Blackveil lo supiera. - Pues bien, digamos que Lord Blackveil ha considerado digno de su interés el comprobar algunas cosas en vuestros dominios..
Todo esto tenia como música ambiental un coro de murmullos, algunos de ellos bastante airados entre los nobles, algunas protestas y gritos en los que se exijia una compensación por el deshonor que suponia para tan ilustres linajes ser acusados de algún delito aun desconocido o que se entrometieran en sus totalmente legales actividades.
- El Inquisidor Blackveil esta seguro de ello, excelencia- dijo sencillamente Lucreria y el nombrar a un miembro del “Sagrado Inquisitorum” surtió el efecto deseado por ella. Los nobles a pesar de saber que venían en su nombre de antemano calaron y algunos de ellos incluso palidecieron.
- Se pueden haber dicho de mi multitud de cosas, la mitad de ellas serán falsas, las otras no tanto. Pero si algo no soy es un descuidado, y prefiero ir sobre seguro aunque peque de paranoico. ¿Que quiere el Inquisidor?”- Dijo Lord Marindal.
- Es bien sencillo mi señor. La Heraldo se cierne sobre esta ciudad colmena y queremos prevenir un posible ataque por su parte a las estructuras principales - La nobleza al escuchar esto estallo y comenzaron a exigirle al gobernador que les contara que ocurría. Algunos se pusieron a rezar al Emperador y hubo un obeso comerciante que salio corriendo de la sala. Nate no pudo evitar sonreír al ver a esas gallinas acojonadas y miro a Seda que estoicamente aguantaba la risa.
- ¡Basta!- Dijo el Gobernador y sus guardias desenfundaron las espadas de forma admonitoria consiguiendo que la mayoría se callara en el momento. Sin embargo la guardia tuvo que llevarse a un par de los altos cargos, entre ellos a una mujer desmayada y a un anciano vestido de amarillo y rojo que estaba a medio camino entre el rezo y la hiperventilacion. Lord Marindal aun con la copa y la botella en las manos volvió a llenársela y la vació de un largo trago -¡Adepta Asys! ¡Si solo ha venido a provocar el pánico entre mis conciudadanos le pido que coja la próxima nave de transporte fuera de mi planeta!
- No, Excelencia, le ruego que disculpe mis palabras. Tenemos una información que indica que lo que buscamos esta en su planeta. Por eso acudimos a usted. Debemos de buscar las estructuras fundamentales de su ciudad que pudieran ser atacadas por la Heraldo si esta decidiera hacerlo, pero en ningún momento creemos que vaya a atacarnos- Se apresuro a responderle Lucreria.
- Es una pista”-Dijo Nate y todos se viraron hacia el, como si hubiera aparecido de repente en la estancia. Nate no pudo evitar sentirse nervioso al verse de repente el centro de atención, era curioso que no le pasara en mitad de un tiroteo pero si rodeado de estos mequetrefes.
- ¿Una pista?- Repitió el gobernador.
- Aja- Dijeron a la vez Nate y Seda
- Me temo que no podemos decir nada mas al respecto gobernador, es alto secreto. Pero le informaremos lo antes posible si vemos algo que consideremos sea peligroso para su planeta- Finalizo Lucreria mientras miraba a su hija y al ex convicto. Nate decidió que ese era un buen momento para re-encender su perfectamente encendida vara de Lho mientras Seda contemplaba interesada el suelo.
Lord Thaddeus miro claramente molesto a la sabia. Nate sabia lo que estaba pensando. Tenia poder para fusilar a cualquier ciudadano de ese fragmento de mierda que era Barsapine. Podía mandar a matar a Nate, Seda y Lucreria ahí mismo y nadie se enteraría nunca. Pero no podía con la autoridad que ellos representaban. Blackveil podría ordenar el asesinato del Lord Gobernador y de todo su planeta si quisiera. Pero aun así la noción de sentirse por debajo de otra persona era nueva para el aristócrata.
- Póngase en contacto inmediatamente con el Alguacil Mayor Berenus. Quiero dos escuadras de arbitradores como escolta de Lady Lucreria y sus allegados. Que les lleven a las refinerías de promethium y a las fabricas de nutrientes. Avise al General Berenthor de los Barrenderos y que movilice a sus tropas para que busquen cualquier cosa que se salga de lo normal en sus cuarteles- El chambelán se dio por aludido pese a que Lord Thaddeus no había dejado de mirar a Lucreria en ningún momento y apunto todo en su placa de datos. Acto seguido salio de la estancia para cumplir sus ordenes.
Lord Marindal se sirvió una tercera ronda de amasec, pero esta vez tuvo la educación de ofrecerle a la sabia una copa, pero no espero ni un segundo a vaciar la suya cuando ella dijo que no.
-Esos son los lugares mas importantes para la economía del planeta. No se me ocurre ningún sitio mejor que ese para desestabilizar nuestro control- Dijo el Gobernador, ahora visiblemente molesto.
- Sugeriria que inspeccionara este propio palacio, así como los edificios pertenecientes al Administratum y el Coro Astropatico. Quizas nos nos enfrentemos a un ataque “per se” pero podrían intentar cortar nuestro contacto con el exterior” Dijo humildemente Lucreria y el gobernador enrojeció al caer en la cuenta de que tenia razón. Intento servirse una cuarta pero la botella estaba vacía.
- ¿Y que pasa con su sombra?- Dijo Nate en ese momento.
- ¿Mi sombra?- Dijo el gobernador. El alcohol tan efusivamente consumido empezaba a pasarle factura y la sangre se le estaba arremolinando en las mejillas.
-No, peda... señor- Respondio Nate y aunque logro tragarse el insulto no pudo evitar que sus ojos mostraran el desprecio que sentía hacia Lord Marindal, cosa que este aun en su embriagado estado discernió lo que estuvo a punto de decir el ex convicto. -El jefe... el inquisidor, nos pidió que buscáramos a la sombra de la Heraldo. ¿Y si fuera lírico?.-
- ¿Lírico?-
- Nate querido, creo que quieres decir literal- Le corrigió Lucreria.
-¡Como sea Luck!. No ponía nada de sitios estratégicos. Ponía a su sombra-
La sabia pareció meditar sobre lo dicho por Nate. El gobernador planetario embriagado de alcohol y poder no tenia entre sus virtudes el pensar demasiado las cosas y tras la anterior ofensa no pudo resistirlo.-Tremenda estupidez. ¿Ahora el Inquisitorum contrata a retrasados para hacer su trabajo?- Y miro con una bobalicona sonrisa a sus lacayos para que le rieran su gracia. Cosas que ellos obedientemente hicieron.
- ¡¿Que has dicho hijo de pu...?!-
- ¡Nate! ¡Excelencia, al faltar a un miembro del séquito Inquisitorial insultáis al propio Inquisidor y no tolerare ese comportamiento por su parte!- Luck era una amble ancianita la mayoría de las veces pero se necesitaba mucho mal humor y agallas para criar ella sola a Seda. Blackveil había dicho en una ocasión que prefería enfrentarse a un enjambre tiranido que a Lucreria cuando se ponía así.
- ¡¿Osa amenazarme?!¡En mi palacio!- Pese a su evidente enfado la voz del noble tembló un poco a la vez que miraba a la mujer mayor. Los guardias de palacio desenvainaron las armas y se acercaron a ellos.
- ¡Te voy a arrancar la cabeza maldito cabrón!- Nate se abalanzo sobre los guardianes y propino un tremendo puñetazo al primero de ellos. Su fuerza y tamaño superiores junto a la cólera que sentía hicieron que su golpe lanzado a la mandíbula del sorprendido soldado lo alzara por los aires y cayera al suelo noqueado. En ese instante los nobles comenzaron a salir corriendo de la sala.
- ¡Nate! ¡No!- Dijo Lucreria
El otro soldado sin apenas amilanarse lanzo una tajada al antiguo preso, este intento esquivarla pero le hizo largo corte de la muñeca hasta casi el hombro.
-¡Argh!¡Montón de mierda!- Aun con el brazo herido agarro por la boca al soldado lo tiro al suelo y empezó a darle puñetazos sentado encima de el.
- ¡Basta! ¡Guardias! ¡Guardias!- Un pelotón de ellos entraba por la puerta en ese momento, alertados por los nobles en fuga. Enseguida desenfundaron sus armas y apuntaron a los agentes del Inquisidor. Seda hizo lo propio con su arma y encañono al gobernador planetario.
- ¡Suficiente!- Dijo Lucreria haciendo uso de su mejor voz de madre. Todos en la sala la miraron, aunque Nate propino un ultimo puñetazo al guardia. -¡Gobernador esta placa que tengo en la mano me permite enviar una señal al Inquisidor Blackveil, la señal es muy sencilla. Herejes.-
El gobernador se quedo blanco inmediatamente y miro aterrado a la sabia. - Es un farol- e intento sonreír aunque la mueca resultante hizo que Nate se partiera de risa.
- No se mentir, excelencia.- El Gobernador pareció intentar discernir, entre los mares de sudor que recorrían su rostro,
-¡Vale! ¡Vale!¡Bajad las armas coño!¡Se hará como pedís! ¡Pero por el Trono Dorado que ese animal suelte a mis hombres.-
Nate miro fijamente al Gobernador planetario prometiendole un par de huesos rotos, la sangre le corría por la nariz, el soldado había logrado propinarle algún puñetazo antes de quedar inconsciente.
- ¡Nils Nate!¡Como sigas así te entregare a los excruciadores del gobernador sin que una miserable lagrima baje por mis mejillas!-
Nate supo que no bromeaba y a regañadientes, y un poco acojonado aunque nunca lo reconocería, se levanto de encima del inconsciente soldado.
-Bien, ahora con respecto a la sombra...-
Eso había sido hacia cuatro ciclos. Después de eso y pasar por la consulta del apotecario privado del gobernador, cosa que no le hizo ninguna gracia ni a Nate ni al dirigente, para que le pusiera un vendaje y piel sintética en el corte se habían dispersado en dos equipos tras ver que la sombra de la Heraldo caería exactamente sobre el antiguo sistema de drenaje de la ciudad colmena. En completo desuso desde hacia varias generaciones. Un lugar muy tentador para cultos ajenos a la luz del Dios Emperador.
Seda lideraba el equipo “Obscurus-Primaris” mientras que Nate “lideraba” el “Obscurus-Secundus”, aunque liderar no era la palabra que el hubiera elegido ya que su escolta estaba formada por Arbites y el mal color entre los agentes de la ley y el ex convicto había sido casi instantáneo. Sobretodo debido a que el Cabo Hammersand, oriundo de Escintila como Nate, lo recordaba de sus días en los Aceros Azules. Al cabo de unos minutos se había corrido la voz de que Nate había dejado tullido a su compañero en aquella época. El resto de localizaciones estaba siendo registrados por los Barrenderos y Lucreria organizaba todo desde un piso franco que pertenecía a Lord Blackveil.
Sin embargo lo que parecía que iba a acabar conduciendo a un conflicto armado no tuvo tiempo de estallar pues al instante de entrar en las antiguas cloacas habían oído los cánticos y la supervivencia se había impuesto a la hostilidad del grupo.
El Cabo Hammersand había ideado un plan para acercarse a los cultistas en cuanto los localizaron en una enorme sala que antiguamente se usaba como incineradora, sin embargo el lider de aquellos herejes había lanzado a sus seguidores, mutantes de enormes garras y cuatro ojos que ocultaban bajo las túnicas, en pos de los agentes.
Los Adeptus Arbites habían hecho una labor ejemplar al resistir el horror que se les abalanzaba encima y abatieron a muchos de ellos, mas los herejes no dejaban de cargar contra ellos y pronto la situación fue insostenible. Hammersand, Nate y cinco soldados de los doce iniciales sobrevivieron a la orden del cabo de retirarse estrategicamente a una mejor posicion. Nate hubiera preferido referirse a ella como “Sálvese quien pueda”
En los posteriores ataques los cinco hombres habían muerto, a Nate le habían hecho la herida en el hombro y el cabo tenia un feo zarpazo en la pierna
- ¿De que te ríes puto psicópata?- Pregunto Hammersand al oírlo. El oficial tenia un aspecto horrible con la piel de un tono ceniciento y su herida no paraba de sangrar. El no estaria mucho mejor pensó para sus adentros.
Nate apenas lo miro, estaba pensando como librarse de esos bichos. Podía seguir adelante pero esos cabrones le acabarían cogiendo. Estaba seguro de haber dado una vuelta y que por delante no tenia a ninguno, al menos no a toda una jauría de ellos. Entonces se le ocurrió.
-Hey socio- Dijo mientras se ponía de cuclillas al lado de Hammersand. -Lo de tu amigo no fue nada personal ¿Sabes? Yo era un crío y por cada chapa de arbites que lleváramos “Malacara” nos dejaba follarnos a una de sus putas. ¿Sin rencores?- Y le tendió la mano al agente de la ley mientras que con la otra disimuladamente desenfundaba la pistola.
El cabo miro su mano y luego escupió en ella un esputo sanguinolento y fue a levantarse apoyándose en su escopeta -¡Que te follen gilipollas! Si salgo de esta me asegurare de que Tamm sea vengado-. En ese momento Nate le lanzo un derechazo con la mano que le habia ofrecido, la del hombro herido, sentándolo en el acto y haciéndole saltar lagrimas a Nate por el dolor, le arrebato la escopeta y con la mano libre le pego un disparo en la barriga.
-¿Tamm eh? ¿Era rubio por un casual?- Dijo socarronamente mientras le metia la mano en la herida al moribundo oficial el cual empezó a sangrar aun mas y a gritar de puro dolor. -Lo siento socio, pero eres tu o yo... y seamos sinceros, seguro que Tamm no te caía tan bien.-
Los bichos se acercaban. Nate se levanto, medio tropezó y corrió mientras recuperaba el equilibrio y oia a los mutantes acercarse.
Corrió olvidándose de la herida del hombro e intentando no oír los gritos de dolor que emitía Hammersand al ser devorado vivo por los cultistas. Tal y como confiaba Nate el olor a la sangre fresca los había vuelto locos y ni uno solo seguía a Nate. En ese momento la granada que le había metido en las tripas a Hammersand exploto volatilizando al agente, a la veintena de herejes y lanzando por los aires a Nate que cayo sobre el brazo herido reabriéndose la herida y girando sobre si mismo antes de chocar contra una pared.
Mientras se derrumbaba el muro y sellaba por donde había venido Nate, casi inconsciente solo tuvo tiempo de pensar que esos arbites no servían ni como buenos cebos.
Lo despertó el dolor en su pecho, era como tener la caja torácica rellena de cristales rotos. Intento no respirar y el dolor fue aun peor, le sobrevino un ataque de tos y sintió el sabor a la sangre en la boca. Tenia un horrible dolor de cabeza.
Intento abrir los ojos y solo lo consiguió con el derecho. No veía por el ojo izquierdo y eso le preocupo bastante. Intento tocárselo pero no pudo. Tenia los dos brazos y el pecho cubiertos de vendajes.
-Te lo han vendado también, capullo. Pero tranquilo no has perdido el ojo.- Seda estaba sentada a su lado, tenia un aspecto algo vapuleado también y un enorme vendaje en la mejilla izquierda.
-Seda...mmm.- Notaba la boca seca, lo habían sedado. “Trono ¿Y aun drogado le dolía tanto el pecho?” -La misión...- Se notaba entumecido y le costaba pensar.
-Tu actuación suicida acabo con la mitad del culto, mi grupo se cargo al líder aprovechando la brecha que hiciste en sus efectivos y encontramos un par de cosas interesantes. Entre ellas lo que el inquisidor buscaba, ¡Tendrías que haber visto la cara del Gobernador planetario al enterarse!-
Nate asintió, parece que se había vuelto a aganar el sueldo y eso lo dejo satisfecho. “Sin dolor no hay ganancias” decía Malacara, ese cabrón solía tener razón siempre. Tambien la tuvo el día que le dijo “Nate, maldito bastardo, algún día me pegaras un tiro”... bueno, al final habían sido siete.
-En fin, los apotecarios dicen que pueden salvar la mayoría de tu cuerpo aunque tendrán que ponerte un endoesqueleto en la espalda, casi te la rompes.- Se levanto de la silla y se encamino a la puerta sonriendo. -Ahora descansa, que mi madre quiere echarte la bronca cuando estés mejor.-
-Seda...- La mujer se dio la vuelta desde el quicio y miro a su compañero ¿Sabes?... dicen que las mamadas ayudan... a recuperarte antes.- Ella hizo intención de entrar a inflarlo a golpes pero se lo dos veces, probablemente porque en su actual aspecto estaba con un pie en la tumba, y salio hecha una furia de la habitación.
-Je...je... je... Golfa.- Murmuro Nate entre sollozos de dolor y decidió que ese era un buen momento para dormirse.

